martes, 5 de agosto de 2014

La batalla de una madre.



Llevabas una vida prácticamente tranquila 
girabas entre los niños, el trabajo y la cocina. 
Te despiertas a la hora usual otro día más, 
pero este cambiará la órbita en tu mundo de mamá.

Un susto en la ducha. 
¡Que comience la batalla lucha tras lucha!
Una cita en el médico con una lista de exámenes inesperados. 
Se confirman tus sospechas, tu montaña ha sido poblada por un inquilino indeseado.

¿Cómo difundirás las malas noticias? 
¿Quién te prepara para ser madre, para enfrentar el fin de tus días? 
Las doctoras ahora son tus mejores amigas. 
Cumpleaños entre batas, quimioterapia, radioterapia y cirugías.

Ya olvidaste como era tu cabello. 
Lo poco que te quedaba ha sido barrido del suelo. 
Pero te sientes viva aunque los síntomas hacen olvidarte de ello. 
Te sientes más mujer aunque desaparecieron tus pechos.

La familia está más unida, 
ya no eres solo la mamá que cocinaba y trabajaba. 
Has abierto los ojos 
viste como en tiempos de tragedia el amor se intensificaba.



Mujeres del cine

Era la estrella, pero sin nombre.
Brillaba pero no se le daba foco.
Resaltaba sobre la escenografía pero no había alegría.
El negativo seguía, la gente aplaudía.
¿Quién era, sino la que daba alegría,
la que hacía a la gente correr a verla?
Créditos apagados.
Ella moría sin gloria perpetua.
No se rindió. Sobresalió. El foco a ella alumbró.
La atención sobre ella calló.
Un pequeño diamante brilló.
Era yo por la que el cine resurgió.
Era por mí por el que cada guión tenía un fin.
Era por mi cada aplauso, cada lágrima, cada emoción.
El celuloide se rindió al encanto de nuestras curvas.
Había pasión, había cantos...
Nuestra voz se hacía notar.
No había nada que nos pudiera amedrentar.
Aclamadas a gritos, nuestros nombres en los créditos aparecían.
Por nosotras se ofreció un desayuno con diamantes.
Por nosotras el telón del Mouline Rouge se volvió a subir.
Por nosotras Casablanca tuvo un bonito final.
Por nosotras hubo sonrisas y lágrimas.
Por nosotras quedó lo que el viento se llevó.
Y siempre estarán presentes estas palabras:
A dios pongo por testigo
que mientras la cámara siga rodando, allí estaremos.
No faltará encanto ni sensación,
la misma  que en cada proyección
palpita al son de nuestra voz.

Un ángel encadenado


Un ángel se encuentra encadenado,
y quiere sus alas despegar,
para emprender el vuelo hacia la felicidad.
Pero su alma está presa y sumida
en el más profundo sufrimiento,
y no encuentra como escapar
de las garras del dolor
y de las penas que le torturan día a día
y no le dejan vivir en paz,
clama a Dios y tiene muchas dudas,
y el que se empeña en no escuchar sus súplicas,
se a convertido en un Dios extraño y misterioso para el,
y por más que lo intenta no entiende sus mensajes,
todo es oscuro y no puede visualizar la luz,
aunque resplandezca intensamente el sol,
y el mundo sea de mil colores.
Está decepcionado,
los seres que más ha amado
lo han traicionado,
se siente ignorado,
y su espíritu a quedado reducido
a pedazos tan ínfimos
como un granito de arena en el mar,
ha caído mil  veces,
y mil veces se ha vuelto a levantar,
pero ya no tiene fuerzas para continuar.
Se ha dado cuenta
que ya no hay amor sin interés,
que no hay favores sin recompensas,
que no hay caricias sin morbo,
y que todo tiene el valor
que el dinero puede pagar,
y que los sentimientos están a un nivel
que ya no puede alcanzar.
Ama la vida, pero no puede vivir así,
¡Que contradicción!
Escucha perfectamente,
pero sus palabras son mudas para los demás,
ama intensamente,
pero su amor pasa desapercibido,
ha luchado toda la vida
sembrando semillas de positivismo,
de entrega, de desprendimiento,
de lucha por los valores,
y ve con amargura
como su cosecha se ha perdido,
y se pregunta mil veces
que fue lo que hizo mal.
Está en una encrucijada,
no sabe que camino tomar,
se ha vuelto débil y temeroso,
lo ha perdido casi todo,
pero aún conserva intactos sus sueños,
y cual Ave Fenix deberá recomenzar,
la esperanza es lo último que se pierde
y aún le falta mucho por aprender.
¡Debe aprender a vivir!




viernes, 12 de abril de 2013

Ilusiones de cristal



Esa niña, que mira y desespera,
con muñecas tendría que jugar
y sin embargo, espera en una esquina
dispuesta a trabajar.

Esperando, maltrecha y mal vestida,
señas hace a los hombres al pasar
llamando su atención para que miren,
alguno parará.

Piel caoba, morena, ojos verdes,
su mirada melancólica está,
cansada mirando el reloj de nuevo,
no puede descansar.

Se adormece y recuerda su pasado,
piensa en la juventud que abandonó,
engañada vino a buscar fortuna
y aquí no la encontró.

Piensa en su pueblo, sus padres y en su hermana,
las mentiras que les cuenta al hablar,
les dice que aquí tiene un buen trabajo,
intenta no llorar.

Para un hombre, pregunta la tarifa,
la sonrisa fuerza, y el precio ella le da.
Acepta, monta en un coche y arranca.
Tal vez no volverá.

Su cuerpo sometido a la lujuria
Su mente intenta no pensar.
Siente miedo sola día a día
Tal vez no volverá.

Termina la faena, pide el dinero,
el hombre golpea, no quiere pagar.
Discuten, reluce una gran navaja.
Sangre sobre el cristal.

Una lágrima recorre su mejilla,
en la cuneta tirada al azar,
arropada por un manto de estrellas,
nadie la ayudará.

Recuerda risas, bailes y cantos
Junto a la lumbre su familia estará,
celebrando que lejos su pequeña
acomodada por fin está.

Sale el alba y un rayo ilumina el cuerpo,
sus manos junto al abdomen están,
ojos fijos mirando al horizonte,
esta vez no volverá.

Luna

Temía tu ausencia
Temía que no me escucharas
Temía que me olvidaras
Temía que tras esas nubes
Tu te ocultaras

Recuerdas a ese chico
Que a pesar de haber estrellas
Es a ti a quien mira y no a ellas
El que te necesita en sus noches oscuras
Esperando tu luz, esa luz pura

El que se enamora de tu brillo
El que sabe que aunque este lejos
Puede tenerte cerca en un reflejo
El que vive para verte
El que en todo momento te lleva en mente

El que disfruta de tus cambios
El que vive tus eclipses
El que sueña con un día
Poder ir a visitarte
Decirte que eres para él muy importante

Que sin tu luz no sabría el camino
Las mejores cosas de la vida
Las comparte contigo
Si mi Luna dueña de mis desvelos
Compañera de mis sueños y anhelos

Cuantas veces no te he buscado
Cuando el cielo esta nublado
Cuando se aproxima alguna tormenta 
Cuando me siento tan solo 
Cuando algo me tiene asustado

Son muchísimas cosas mi Luna
Las cosas que por ti siento
Es infinito este cariño 
Tierno y profundo como eterno
Es el sentimiento

Te quiero mi Luna no te olvides jamás
De este chico de la Tierra
Del chico que todas las noches
Espera el momento en la que seas Luna llena
El que en su mente y alma siempre te lleva.

Hasta pronto mi Luna
Hasta pronto cariño
Es hora de dormir y soñar
Con ese día en el que tu mi Luna
De mi te llegues a enamorar.


EL REGALO MÁGICO DEL CONEJO POBRE.

EL REGALO MÁGICO DEL CONEJO POBRE.

Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas. "Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos

martes, 9 de abril de 2013

Yo te invento


Yo te invento,
invento tus ojos verdes
como el brote del cerezo
que rompe la tristeza de su rama.
Invento tu olor,
con toda flor nueva
que huele a primavera.
Invento tu sonrisa
templada y alegre,
con el brillo del sol
que destroza inviernos.
Con el canto de la lluvia en mi ventana
luego espero...
y vuelvo a inventarte,
te invento riendo,
dibujada tu sonrisa en el humo,
de una hoguera de hojas de otoño
escondieno del color de tus labios
en soles rojos difusos
y en fuegos de tardes de oro.
Y al llegar la noche, cada noche...
nuevamente te invento...
te invento con besos
de esos con sabor a nostalgia
con caricias ya viejas,
que sólo conocen mis manos,
con gestos y actos ocultos
que no olvidan mis ojos
si... Yo te invento...
y en otros momentos...
Te convierto en recuerdo...